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lunes, 10 de mayo de 2010

GUERRA CIVIL Y POLICIA POLÍTICA.


Imagen alegórica de Trotsky, creador del Ejército Rojo y vencedor del capitalismo.



Imágenes de Felix Dzerzjinky, padre de la politica politica Cheka, predecesora del KGB.
LA POLICIA POLITICA Y EL TERROR CIENTÍFICAMENTE DESARROLLADO.
Sólo unas semanas después del triunfo de la revolución bolchevique, Lenin crea el 20 de diciembre de 1917 la CHEKA, siglas de la Comisión Panrusa contra la Contrarrevolución y el Sabotaje. Encuentra en su primer director, el polaco Félix Dzerjinski -Félix de hierro en la hagiografía bolchevique- la personalidad idónea para aplicar el terror de la manera más perfecta y la mayor dimensión. Dzerjinski es el hombre ascético, cuya única meta será el triunfo de la revolución; para ello el exterminio de los enemigos de clase será fundamental. Identificación plena entre Lenin y el ejecutor entregado al oficio del terror. El pretexto: el asesinato de Uritsky, jefe de la Checa de Petrogrado -todavía no era Leningrado, pero ya había dejado de ser San Petersburgo-, y el oscuro atentado contra Lenin de la socialista revolucionaria Fanny (Dora) Kaplan. Se proclama oficialmente el «Terror Rojo».

Los sucesos citados fueron el pretexto. La idea obsesiva en Lenin era el triunfo de la revolución a toda costa. Ya tres semanas antes del atentado contra él, ordena a los comités bolcheviques de las ciudades dominadas la aplicación del terror. Ejemplo, sus instrucciones al comité revolucionario de la importante ciudad de Penza: «exhortando a los bolcheviques a proceder a ejecuciones públicas para hacer temblar a las poblaciones en cientos de kilómetros a la redonda». «Es imperativo preparar en secreto el terror y de la forma más rápida.»

Un mes antes del decreto oficial de implantación del «Terror Rojo», Lenin ordena al comisario del Pueblo para la Producción Alimentaria, A. D. Tsuriupa, la publicación de la orden según la cual, entre los campesinos más acomodados de cada distrito productor de grano, «se elegirán veinticinco rehenes para responder con sus vidas de la recolección y transporte». El 20 de agosto de 1918, escribe al comisario de Salud, N. Semashko: «Le felicito por la exterminación enérgica de los kulaks -campesinos acomodados- y los blancos del distrito...» Dirige a los bolcheviques de Petrogrado el siguiente comunicado: «Hoy, el Comité Central se ha enterado de que se quería responder al asesinato de Volparski -comisario de Prensa- con el terror masivo y que ustedes lo han contenido. Protesto firmemente. ¡...Tenemos que estimular el terror masivo y a gran escala contra los contrarrevolucionarios, en particular en Petrogrado, como un ejemplo decisivo.»

Se han asociado a Stalin los campos de concentración. Ciertamente los aumentó y desarrolló en grados elevadísimos. Pero Lenin fue su inventor creando en las orillas del mar Blanco el primero en octubre de 1918.

La dirección de la Checa da las consignas a sus agentes: «Aquel que combate por un porvenir mejor será implacable con sus enemigos.» El chekista se convierte en el modelo a seguir en el aplastamiento del adversario. «Todo buen comunista ha de ser un buen chekista.»

Djerzinski consigue realizar la praxis y las consignas leninistas. Las torturas terribles son aplicadas de forma sistemática. En Jarkov se desuella las manos de las víctimas para la fabricación de guantes hechos de piel humana. En Voronej se introduce a prisioneros desnudos en toneles erizados de clavos en su interior, y a continuación se les hace rodar. En Poltava se empala a sacerdotes ortodoxos. En Odessa, a oficiales blancos de la Marina y del Ejército, se les ata firmemente a unas planchas, antes de introducirlos vivos con cuidadosa lentitud en los hornos de las calderas. En Kiev, se une al cuerpo de los prisioneros cajas con ratas, se las calienta con un fuego intenso y las ratas huyen del fuego royendo a dentelladas las entrañas de las víctimas vivas. Si bien Lenin no aprueba semejantes actos de sadismo, se limita a dejar a Djerzinski corregir ciertos «excesos».

Dos informes modernos muy interesantes y documentados, los de Volkgonov y Mitrojín, señalan la obsesión de Lenin con la Checa. Su fijación llega a detalles nimios. Lenin da instrucciones a los chekistas de cómo efectuar los registros, descubrir escondites; escribe a Djerzinski sugiriéndole que «será útil realizar las detenciones de noche».

También desarrolla de forma paralela a la cheka, aunque con una extensión y eficacia menores, los Tribunales Rovolucionarios, copia de los de la revolución francesa. Al modo jacobino, sus sentencias eran inapelables y sin ser confirmadas, ejecutadas en veinticuatro horas.

El 20 de abril de 1921, el politburó, bajo la presidencia de Lenin, aprueba la creación de campos de concentración de mayores proporciones. Una colonia de campos con capacidad para veinte mil personas en la región de Utja en el extremo norte. Los mismos bolcheviques están aterrorizados por el «Terror Rojo», y los marineros y soldados sublevados en Kronstadt, antaño gloria de la revolución, son internados en los nuevos campos de Jilmogory, al norte.

Durante el régimen zarista, tan atacado en los medios «progresistas» por su crueldad y dureza, en 1901, 4.113 rusos fueron exiliados por delitos políticos, y 180 condenados a trabajos forzados, pena únicamente impuesta a los asesinos. Entre 1918-1920, la Cheka efectúa 260.000 ejecuciones.

Otra obsesión de Lenin es la traición y las conspiraciones. Ex oficiales zaristas, chantajeados con sus familias en rehén, son obligados a servir en el Ejército Rojo. Ante la preocupación de Lenin, Trotski le quiere tranquilizar diciendo: «Cada uno de ellos estará a las órdenes de un comisario.» Lenin le responde: «Será mejor que sean dos y que sepan usar los puños.» En plena guerra civil se da instrucciones a los oficiales superiores de «victoria o muerte». Y en caso de deserción de un miembro del Estado Mayor, el comisario político responsable será ejecutado.

Podríamos seguir citando numerosos ejemplos demostrativos de quién era en verdad Lenin. No el Lenin meramente marxista, sino su compleja personalidad; hombre culto en cuya doctrina se mezclan Marx con abiertos postulantes del asesinato cual Nechaiev, o extremistas como Kachev, o su admirado Chernichevski, etc. Elogia a Nechaiev cuando, antes de acabar sus días loco, en el último tercio del siglo XIX proponía la eliminacióin física de toda la familia imperial. El soviet de Ekaterinburgo, bajo las órdenes emanadas de Lenin, tal como está hoy plenamente demostrado, llevaría a la realidad las ideas de Nechaiev. La aquiescencia de Lenin la pone de relieve Sverlov, quien se lo confirmaría a Trotski. Este último le pregunta a Sverlov: «¿Quién tomó la decisión?» Y Sverlov contesta a Trostski: «Lo decidimos aquí -en el politburó-, Ilich pensaba que no debía dejarse a los blancos un estandarte vivo que les permitiese aglutinarse.»

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